¡Cursi tu madre!

¡Macarena que te pierdes! ¡Macarena, no! ¡Tan lejos no! Ven, quédate acá, quieta. No vueles. No mires por la ventana. No preguntes las respuestas… Si supieras niña que de mi necesitarás toda la vida. ¡Óyeme! Sin esta que te habla te joderías. ¡Mírame! Sin esta que te cuida tu te mueres, tu te pudres y ¿Quién te entierra? ¿Quién te pone flores? ¿Quién te trenza las hebras negras de la cabeza?… Mugrosa, a mí me debes tu la vida, a mí. Cabroncita, Tanto que te quiero, que lo que hago por ti lo hago sin esperar nada a cambio, sin esperar que me quieras. Coño, sin esperar que me quieras no, sin esperar que me ames, que me adores, que me idolatres, por haberte bañado y alimentado, por haberte limpiado el culo… ¡No! ¡Macarena no camines! No ves que aquí estoy yo. Espérate. Pon tus brazos en mis hombros, yo te cargo. ¿A dónde? No, para allá no. ¿A dónde? No. Para allá tampoco. Llora. Duérmete. Asústate. No corras. Quédate aquí bien cerquita mío. No hables con nadie. No te montes en ningún carro con extraños. Cómete los vegetales, vamos, abre la boca. No te chupes el dedo. Llámame todo los días. ¡Respétame! Nunca me dejes. Nunca me olvides. Te amo.

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