Un día temprano accedí a una excursión en bicicleta hasta Cape Point. Desde Simonstown, pasando los pingüinos en la playa y empinándonos la montaña rodillazo a rodillazo. Quería una bicicletada hasta el fin del mundo; lo más lejos que pudiéramos llegar antes de despeñarnos en Antártica.
Por dos rands, un samoosa
por Mayra Rivera
El regreso a casa fue precipitado. 1700 kilómetros en dos días y medio. Casi ni me acuerdo. Empezamos en la mesa redonda de pan etíope en Pietermaritzburg, con unos amigos de Rachel, zimbabweanos. Vívían en la comuna de al lado.
Maquetas de sol: escenas de verano
por Margarita Pintado
Salí y vi detrás de mis hombros la figura cada vez más redonda de mi hermana. La niña vendrá en octubre. Me hubiera gustado que fuera en verano, pero no importa.